Huelga De Mí Mismo


 De Dani Valdés

Parece ser que como sociedad exigimos aquello que, bien pensado, sería de lógica absoluta: una vivienda asequible, una buena educación al alcance de todos, una sanidad de calidad sin excepciones y, en definitiva, que sea posible una vida justa y digna para la totalidad de los seres humanos. No entraré a evaluar la utilidad de las huelgas y manifestaciones, tan solo decir que respeto ambas opciones, pero me permito recordar que la vivienda es tratada como un bien de consumo (a menudo por ambas partes), que la sanidad está a merced de los gigantes farmacéuticos, no a la de nuestra salud, que la educación, en muchas de sus áreas, consiste en moldear a las personas para inyectarlas a presión en un sistema que clona la estupidez y deshumaniza a sus integrantes y… bueno, también iba a mentar que la gran mayoría de seres humanos no hacemos, precisamente, honor a tal elevada nomenclatura, pero como sé que hay personas que podrían ofenderse, no lo haré, que queda mal… (apreciados lectores y jefes de redacción en especial: nótese el esfuerzo en no haber dicho que la mayoría de seres humanos parecemos gilipollas, ¡voy mejorando!). En fin, que no estoy muy seguro de querer reclamar tales «beneficios» al gobierno, tal vez sería mejor reflexionar acerca de cómo construir un nuevo modo de vida, pero eso ya es algo muy personal y, además, no es el motivo de este artículo.

 

      Entrando al tema en cuestión, quisiera instar, a todo aquel que quiera, a plantearse qué nosexigimos a nosotros mismos. Es decir, tenemos la mente condicionada por habernos criado en unasociedad enferma del corazón, que se satisface y regocija con la superficialidad, que padece cegueraselectiva y que no es consciente de su propia enfermedad. Que digo yo, ¿pero la sociedad no laformamos cada uno de nosotros?, mmmm… ¡sí Así que, ¡la leche!, ¡estoy enfermo!, enfermo deinconsciencia condicionada. Pero wait a moment, please!, si me doy cuenta de que no estoy sano y deque todo lo que entra por mi percepción lo paso por el filtro de mi mente adulterada, ya no soyinconsciente de mi disfunción, lo que equivale a decir que puedo tomar cartas en el asunto. Noobstante, a todas luces resulta evidente que es absurdo ponerme a reparar todos aquellosmecanismos del exterior que crearon mi perspectiva condicionada si antes no soy capaz de librarme demi propio condicionamiento, pues de lo contrario, además de estar auto-engañándome, no haré másque contribuir al trastorno que reina en la sociedad.

 

     Y es aquí donde llega el momento de la verdad, el momento de observar frente a frente a nuestramente condicionada, a ese fenómeno al que muchas personas llaman ego. No me gusta ser portadorde malas noticias, pero ahí va una: la vuelta a lo que en el verdadero Zen se ha venido llamandocondición normal (en otras palabras, el regreso a nuestra percepción nítida, sin el filtro del ego), nopodemos conseguirla poniendo frases «chulis» en el Facebook, ni hablando del amor universal, ni «co-creando» nuestra realidad, ni haciendo meditaciones para tunearnos los chakras hasta parecer unapuñetera aurora boreal con patas, y no, tampoco la conseguiremos el 21 de diciembre de este 2012por muchas ruedas de energía positiva que hayamos hecho durante los equinoccios y solsticios cuandoel alineamiento planetario circunstancial era el óptimo para recibir la energía universal«retrosinergitrónica» del corazón de la galaxia bla, bla, bla, bla… no. La percepción de la vida tal cuales la conseguimos dejando de pensar involuntariamente (desgloso la palabra para hacerla másevidente: involuntaria-mente).

 

      ¡Aprendamos a utilizar nosotros a la mente!, ¡desaprendamos a que «lo normal» sea que la mente nos utilice a nosotros! No estoy hablando de ningún logro sobre humano; hablo de sentir el beso cuando besamos, de escuchar cuando nos hablan, de apretar cuando nos abrazan y de reflexionar cuando necesitamos pensar. ¡Aparentemente no debería resultar de una dificultad estratosférica!, pero no sabemos hacer sólo una cosa en cada ocasión. La vida se despliega delante de nosotros siempre nueva, y nosotros la hacemos vieja con todo el pasado que tenemos en la cabeza. Se lo volcamos encima: —¡Toma vida, te vomito mi pasado para jorobar la experiencia que me ofreces!. Te agradezco que hayas combinado miles de millones de billones de trillones de factores en el universo de forma divinamente exacta para que yo pueda estar hoy aquí, de pie, debajo de este firmamento estrellado, con un soplido perfecto de aire jugueteando y envolviendo mi cuerpo mientras espero a que llegue el autobús, pero me es imposible vivir esta experiencia, ayer el vecino del 4º 2ª tendió la ropa demasiado húmeda y goteaba en mi balcón, ¡la madre que lo parió!

(Desde luego, la vida debe querernos mucho…)

 

      Se me ocurre pensar: ¿qué pasaría si antes de ir a una manifestación me tumbara un ratito en el césped de un parque (palillo en la boca y manos en cruz opcionales) y respirara hondo limitándome a cerrar los ojos para atender a lo que está sintiendo mi cuerpo sin pensar en nada? ¿Y si la policía hiciera lo propio pero dándose un bañito de media horica en la playa, por ejemplo? (¡Fríjoles!, ¡que si me apuran hasta me ofrezco yo para vigilarles la ropa!). Estoy convencido de que cambiaría bastante la historia.

 

      Si dejamos que se nos lleven los pensamientos, se crean emociones con las que nos identificamos, estas nos arrastran y nuestro libre albedrío rompe con la Armonía que existe por doquier antes de que empecemos a pensar. Y si aquello que pensamos está cargado de negatividad, es sencillo imaginar las consecuencias. De modo que como reflexión final planteo: ¿el nivel honestidad, esfuerzo, bondad y dedicación que exijo a los demás me lo exijo también a mí mismo?, porque de no ser así, es inminentemente imperativo que haya una huelga, ¡una huelga de pensamiento compulsivo en mí mismo!

 

🙂

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