Los políticos se sorprenden de que no se les respete.


Los políticos se sorprenden de que no se les respete
Se asustan de todo. Cualquier ataque les sorprende. No entienden casi nada. Los políticos exigen a todos normalidad en la palabra, la obra e, incluso, la omisión, cuando ellos llevan años haciendo de lo anormal una forma de vivir lucrativa e irrenunciable. No sé muy bien si se trata de pura jeta, (se creen con derecho a todo) o, simplemente, su desconexión con la realidad es mayor de la que aparentan, casi lisérgica.

 

 

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Luis Aparicio

Jamás justificaré la violencia en ninguna de sus manifestaciones. No se trata de aceptar los comentarios repulsivos lanzados por las redes sociales o por cualquier otro canal o la violencia física contra la policía en las manifestaciones. Tampoco me gustan los acosos (escraches) que se articulan, sobre todo, de forma muy sesgada, casi teledirigidos.
Todo esto es completamente inadmisible. Pero de ahí a querer censurar las críticas, hay un paso. De ahì, a vender una apariencia de total normalidad en la situación política y social de España, queda mucho trecho. Es decir, no a la violencia y tampoco a tragarnos ese feliz mundo que nos quiere vender el establishment político.
Entre la violencia estéril y la normalidad inventada hay un espacio muy grande. En ese espacio sería imprescindible ver la autocrítica y la regeneración que nos devolviesen a un juego de respeto entre las partes. Se ha roto la principal norma de convivencia: el respeto. Ellos lo exigen al conjunto de la ciudadanía –ahora también piden el voto- pero no han sido respetuosos con ellos durante muchos años. Se ha eliminado el quid pro quo como contrato tácito que establecemos en nuestras relaciones sociales.
No quiero aburrirles con detalles de cómo la clase política ha faltado el respeto a la ciudadanía. Los casos de corrupción (Gurtel, EREs, sobresueldos…), la falta de sensibilidad para repartir las cargas en un momento de profunda crisis económica que ha dejado a muchísima gente en el paro, o la ausencia de sacrificios entre sus filas son solo algunos. Me viene a la cabeza también el gravísimo cambalache del reparto del poder judicial. Continúa la miríada de asesores y de coches oficiales, los grandes sueldos y los viajes en preferente.
Todo ello son faltas de respeto que, por supuesto, no deben ser respondidas con violencia. Las armas que utilizarán los ciudadanos en las próximas elecciones del día 25 serán la abstención o la búsqueda de partidos que no hayan tocado poder y promuevan otras formas de hacer más democráticas.
Si el PP o el PSOE quieren y necesitan una amplia participación electoral deberían haber empezado por la autocrítica y la limpieza en sus filas. Pero lo único que ha podido ver la ciudadanía ha sido la bunkerización y el enrocamiento. Y también el habitual “y tú más”. Con eso es imposible buscar el respeto. Si aún no se han enterado, aquí les recuerdo que éste es el verdadero problema y no cerrar redes sociales o llenar las calles de policía. Lo tienen muy fácil. Y que sepan que la normalidad no se inventa por mucho que lo repitan y aunque se den golpes en el pecho.

Fuente:  www.invertia.com

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